La humildad de María, renunciando a la maternidad haciendo el voto de virginidad, llevó a Dios a concederle el mayor privilegio concedido a una mujer: ser Madre del Mesías, Jesús, el Hijo de Dios.

Redacción (25/03/2025, Gaudium Press) A primera vista, la vida de Nuestra Señora estuvo marcada por el absurdo, desde la infancia: ella quería permanecer enteramente consagrada a Dios en el Templo, pero tuvo que regresar al mundo; había prometido al Señor permanecer virgen, pero tuvo que casarse; aunque fuese santísima, la Encarnación la convirtió en elemento de terrible prueba para San José, cuya santidad única era inferior sólo a la de su Esposa inmaculada…
Este camino de pruebas paradójicas y paroxísticas, en el que María caminó entre absurdos y sinsentidos, escondía la incalculable predilección de Dios por una misión cuya estatura no era proporcionada con lo…
Autor: Saul Castilblanco Mosos
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