Una de las cosas de nuestra fe que más chocan al mundo de hoy y en las que más tenemos que dar testimonio los cristianos es el valor del sufrimiento ofrecido y santificado. Para nuestra sociedad paganizada, el dolor no tiene ningún sentido y lo único que hay que hacer es evitarlo a cualquier precio.
Especialmente Europa, que en otro tiempo podía haberse llamado el continente de las cruces, hoy no entiende la cruz y huye de ella. Por eso se muere, porque la cruz es el árbol de la vida y, al renunciar a ese árbol, solo es posible crear una cultura de la muerte y la desesperanza.
Estos días he estado pensando en ello, porque me ha tocado traducir los prólogos y apéndices de un librito que acaba de publicarse: Angiolino, una obra maestra de la gracia de Dios. Se trata de un libro sorprendentemente alegre y ameno, si tenemos en cuenta que relata la vida de un niño enfermo…
Autor: Bruno Moreno
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