Alfonso Ussía fue, hasta el último día, el gran outsider. No por vivir en los márgenes, sino por el pequeño detalle de no aceptar jamás las reglas no escritas del conformismo. Mientras el oficio periodístico se arrellanaba en el tibio consenso —esa temperatura agradable para las opiniones sin riesgo— Ussía seguía afilando la pluma como quien afila un estoque: con serenidad, precisión y una pizca de picardía. Su humor ácido —tan suyo, tan elegante, tan exacto— fue para muchos un arma de combate. Para mí, además, una escuela. No porque me enseñara a imitarlo (tarea suicida), sino porque me obligó a entender que la ironía, cuando es verdadera, no nace del cinismo, sino de una claridad moral tan luminosa que permite reírse incluso de lo serio… y de uno mismo.
Autor: Matilde Latorre de Silva
7 pasos para una parroquia: de tener «consumidores de sacramentos» a multiplicar los discípulos
«Id y bautizad y haced discípulos», pedía Jesús. Las parroquias, bautizar, bautizan. Bautizan a cualquier bebé que les lleven. Pero ¿hacen discípulos? Un discípulo es alguien que tiene una relación…
Hábitos del Padre Pío que todos los católicos podemos practicar
San Pío de Pietrelcina, más conocido como el Padre Pío, nos deja unos cuantos hábitos espirituales que necesitamos conocer para tener una vida más cercana a Dios. Continúa leyendo este…
Encontraron en Dios, la libertad y paz interior que tanto necesitaban
Los mensajes de Dios llegan en el momento menos esperado. Aunque muchas veces, hemos escuchado historias de conversión precedidas por fuertes acontecimientos, como accidentes o enfermedades, también existen conversiones, gracias…



















