Por Michael Pakaluk
Algunas partes de la vida de Cristo no pueden imitarse fácilmente, y sin embargo los buenos cristianos encuentran la manera. No podemos literalmente morir con Cristo cada día —la abuela no podía literalmente ser fusilada una vez al día— y, sin embargo, podemos “mortificarnos”, es decir, dar muerte a algún deseo o incluso a nuestra propia voluntad.
Del mismo modo, no podemos ser depositados en un sepulcro cada día. Y, sin embargo, debemos aceptar cada día la humildad del sueño. Si el día es como la vida y la noche es como la muerte, entonces acostarse en la cama es como ser puesto en el sepulcro. Y, en efecto, es fácil imaginar a un cristiano que, sufriendo de insomnio o terrores matutinos, permanece en su cama, aunque no duerma, consolándose con la idea de que, aun así, está haciendo un bien, porque está imitando a Cristo en el sepulcro.
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Autor: The Catholic Thing
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