Nuestra sociedad, en su ávida búsqueda por lo superfluo y lo inmediato, ha suplido las piadosas y austeras prácticas del Adviento (tendientes a prepararnos para la gran fiesta de la Navidad) por todo tipo de excesos y caprichos. Así, los medios masivos y las grandes empresas, a partir de los primeros días noviembre, comienzan el bombardeo de cancioncillas, escaparates y adornos navideños. A esto se aúnan las grandes ofertas anunciadas con bombo y platillo así como los compromisos sociales que se multiplican en esta temporada, ocasionando un aumento notable del tráfico vehicular. De este modo, el Adviento (tiempo de recogimiento, oración y penitencia) lo pasamos entre tantas prisas, compras y fiestas que llegamos exhaustos, desvelados y ahítos a la gran celebración.
Por ello es común que, justo cuando comienza la temporada navideña, nos invada un dejo de melancolía e…
Autor: Angélica Barragán

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