Nació en el siglo IV, cerca de Milán (Italia). Su padre era gobernador de la provincia romana, y como su madre, eran de sólida fe cristiana. Y tanto la procuraron para su hijo que le pusieron bajo la instrucción del gran San Martín de Tours, que hacía vida monástica en Milán.
Bajo la tutela del santo aprendió los rudimentos de las letras, las Sagradas Escrituras, junto con la piedad y el gusto por las cosas sagradas. Desterrado San Martín, siguió su formación con ilusión de consagrarse a Dios en la vida monástica, y apenas pasó un tiempo, otro grande le tomó junto a sí: San Ambrosio, quien le hizo lector de su catedral, con vistas a ordenarle presbítero cuando llegase el momento.
Muertos sus padres, quedó libre de las ataduras del mundo, por lo que entregó todos sus bienes a los pobres y se dedicó al estudio y la piedad. San Ambrosio tenía grandes ilusiones…
Autor: ReL
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