Durante este Cuarto Día de la Novena de los Aguinaldos al Niño Dios, el Niño Jesús nos enseña la importancia de la humildad y la sumisión completa a la voluntad de Dios.
Su estado de fragilidad y dependencia nos recuerda que debemos ser humildes y aceptar la voluntad divina en nuestras vidas. Al contemplar al Niño Jesús en el seno de su Madre, se invita a reflexionar sobre su estado de humillación y anonadamiento, lo que nos lleva a reconocer la necesidad de renunciar a nuestro propio orgullo y vanidad y a comprender el valor del sacrificio en nuestra relación con Dios.
Oración
Por la señal de la Santa Cruz,
de nuestros enemigos,
líbranos Señor Dios Nuestro,
en el nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo, amén.
Rezamos un Pésame
Pésame, Dios mío,
y me arrepiento de todo corazón
de haberos ofendido.
Pésame por el infierno que merecí
y por el cielo que perdí
pero mucho más me pesa,
porque pecando ofendí
a un Dios tan bueno
y tan grande como Vos.
Antes querría haber muerto
que haberos ofendido;
y propongo firmemente no pecar más
y evitar todas las ocasiones
próximas de pecado. Amén.
Cuarto Día
Desde el seno de su Madre comenzó el Niño Jesús a poner en práctica su entera sumisión a Dios, la cual continuó sin la menor interrupción durante toda su vida. Adoraba a su Eterno Padre, lo amaba, se sometía a su voluntad; aceptaba con resignación el estado en que se hallaba, conociendo toda su debilidad, toda su humillación, todas sus incomodidades.
¿Quién de nosotros quisiera retroceder a un estado semejante, sin pleno goce de la razón y de la reflexión? ¿Quién pudiera sostener a sabiendas un martirio tan prolongado, tan penoso de todas maneras? Por ahí entró el Divino Niño en su dolorosa y humillante carrera; así empezó a anonadarse delante de su Padre; a enseñarnos lo que Dios merece por parte de su criatura, a expiar nuestro orgullo, origen de todos nuestros pecados, y a hacernos sentir toda la criminalidad y el desorden de este orgullo.
¿Deseamos hacer una verdadera oración? Empecemos por formarnos de ella una exacta idea contemplando al Niño en el seno de su Madre. El Divino Niño ora del modo más excelente. No habla, no medita, no se deshace en tiernos afectos. Su mismo estado, aceptado con la intención de honrar a Dios, es su oración y ese estado expresa altamente todo lo que Dios merece, y de qué modo quiere ser adorado por nosotros.
Unámonos a la oración del Niño Dios en el seno de María, unámonos a su profundo abatimiento, y sea éste el primer efecto de nuestro sacrificio a Dios, no para ser algo, como lo pretende continuamente nuestra vanidad, sino para no ser nada; para estar eternamente consumidos y anonadados; para renunciar a la estimación de nosotros mismos, a todo cuidado de nuestra grandeza, aunque sea espiritual, a todo movimiento de vanagloria. Desaparezcamos a nuestros propios ojos y que Dios sea todo para nosotros.

Promesas
El Niño Jesús escucha las oraciones de los que lo veneran con fe y les concede gracias especiales. Algunas de las promesas más comunes asociadas a la Novena al Niño Dios incluyen:- Protección contra el mal y el padecer por la mano de la justicia divina.
- Sanación física y espiritual, tanto de pequeños males como de enfermedades más graves.
- Ayuda en momentos difíciles, especialmente en el hogar y en las relaciones familiares.
- Bendiciones para el hogar y la familia, pidiendo paz, unidad y armonía.
- Aumento de la fe y la esperanza, al imitar la sumisión y la confianza del Niño Jesús y de su Madre.
Origen
La Novena al Niño Dios es una práctica devocional que se realiza durante los nueve días previos a la celebración de la Navidad.
Se remonta a los primeros siglos del cristianismo, cuando las imágenes del Niño Jesús comenzaron a ser veneradas en las iglesias y hogares. La popularidad de la devoción al Niño Dios creció en la Edad Media y continúa siendo especialmente fuerte en América Latina, donde forma parte central de las celebraciones navideñas familiares y comunitarias.
Cuarto Día de la Novena de los Aguinaldos al Niño Dios: Sumisión y oración desde el seno de María
La Novena al Niño Dios es una hermosa tradición devocional que nos invita a adentrarnos en la vida y enseñanzas del Niño Jesús en los días previos a la celebración de la Navidad. Cada uno de los nueve días nos ofrece una oportunidad única de reflexionar sobre un aspecto concreto de la vida de Jesús durante su infancia.
Desde el momento de su concepción, el Niño Jesús demostró una sumisión total a la voluntad de Dios. Aunque aún en el seno de su Madre, comenzó a adorar a su Eterno Padre y a amarlo profundamente. Aceptó con resignación y humildad su estado de debilidad y humillación, experimentando todas las incomodidades que esto implicaba. Este ejemplo de sumisión nos invita a reflexionar sobre nuestra propia relación con Dios y la importancia de rendirnos completamente a Su voluntad, dejando de lado nuestro orgullo y nuestro afán de control.
El Cuarto Día de la Novena nos lleva a contemplar la forma particular en que el Niño Jesús oraba desde el seno de María. A diferencia de nuestra forma habitual de orar, el Divino Niño no hablaba ni meditaba en palabras, sino que su mismo estado de sumisión y aceptación era su oración más excelente. Su humildad y anonadamiento expresaban en sí mismos todo lo que Dios merece y cómo quiere ser adorado por nosotros.
Al rezar este día, se nos propone unir nuestra oración a la del Niño en el seno materno, aprendiendo que la verdadera oración comienza cuando el corazón está dispuesto a no ser nada frente a Dios, para que Él sea todo en nuestra vida. Así, este Cuarto Día se convierte en un llamado a una vida de profunda humildad, oración silenciosa y entrega total, preparando el corazón para que el Niño Jesús nazca de nuevo en nosotros.
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