Estoy leyendo Mediocracia, de Alain Deneault, y su reflexión sobre una sociedad que premia a quienes mejor se adaptan me está haciendo pensar en la manera en que vivimos los cristianos. Porque puedes aprender a desenvolverse perfectamente en el mundo, cumplir con lo que se espera de ti y ganarte el respeto de los demás sin detenerte demasiado a pensar en aquello a lo que estás renunciando por el camino. Poco a poco aprendemos qué opiniones es mejor reservarse, qué conversaciones conviene evitar y hasta dónde podemos defender nuestras convicciones sin poner en peligro nuestra posición, hasta que la adaptación deja de parecernos una renuncia y empieza a parecernos la forma normal de vivir.
Autor: Matilde Latorre
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