En la vida del hombre suceden muchas y graves desgracias. Una de ellas –singularmente peligrosa– es hacer las paces con la mentira, convertirla en un arma de guerra, y, al ver que nos depara triunfos sonados, llegar a amarla, cuidarla, darle honores de cooperadora indispensable.
Ustedes, mis amables lectores, saben muy bien lo que significa «mentir». Enhorabuena, porque abundan quienes lo ignoran. Si yo doy una noticia, creyendo que es verdadera –porque tengo información de que así sucedieron las cosas– y resulta que mi información es falsa porque el que me la facilitó no dijo la verdad, yo cometí un error, pero no mentí, porque mentir significa decir algo falso a sabiendas de que lo es y con intención de engañar. Por eso, si alguien proclama a voces que no debo ser votado en las elecciones «porque España no merece un gobierno que le mienta», es a todas luces…
Autor: Alfonso López Quintás
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