Autor: José F. Vaquero
“Vulnerable, y a mucha honra”. Así iniciaba y concluía un experto bioeticista su análisis de la vulnerabilidad del hombre. Somos limitados, débiles, vulnerables, incompletos, y por ello llamados a la comunión, a caminar con los otros. Sin embargo, esta cualidad casa muy mal con nuestro concepto actual de progreso. Todo mejora, cada vez más, y estamos rozando la perfección, la plena mejoría. ¿Tiene razón este progreso perfeccionista, o la tozuda realidad de nuestra vulnerabilidad y limitación? Creo que se impone lo evidente.
La vulnerabilidad nos recuerda la necesidad del otro, necesidad en lo más inmediato (comida, vestido, calzado…) y necesidad en lo más profundo (afecto, cuidado, amor). Es un fenómeno que constatamos desde el mismo inicio de nuestra vida, desde el nacer. Yo no nazco, no puedo traerme a mí mismo del no ser al ser. En latín no existe el verbo nasco, nacer, sino…

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