En este domingo de agosto, el Evangelio nos lleva a una escena que conocemos bien: Jesús busca retirarse, la multitud lo sigue, el día se hace largo, el lugar es despoblado… y, aun así, nadie se va con las manos vacías (Mt 14, 13‑21). Sobre ese escenario de cansancio y desorden podemos entender mejor lo que significa la oración pobre, esa que hacemos cuando no apetece, cuando la cabeza va por otro lado, cuando el verano parece diluir todo.
Autor: Luis Javier Moxó Soto
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