P. Javier Olivera Ravasi, SE
Agosto de 2026
La primera vez que oí hablar del llamado Fuego milagroso del Santo Sepulcro fue en 1998, hace ya casi treinta años, mientras leía la Historia de las Cruzadas de Harold Lamb. Allí encontré el célebre discurso atribuido al papa Urbano II en Clermont, en 1095, con el que convocó la Primera Cruzada.
Entre los argumentos puestos en boca del pontífice aparecía uno que llamó especialmente mi atención: en Jerusalén, junto al Sepulcro de Cristo, se producía supuestamente un milagro por el cual las lámparas se encendían sin intervención humana.
Sucedía que, mientras los príncipes cristianos estaban peleando en Europa, los musulmanes estaban masacrando a los cristianos en Tierra Santa, de allí que desde el púlpito de la Catedral, dijese en ese memorable discurso del 8 de noviembre de 1095:
Autor: Javier Olivera Ravasi
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