Usted, monseñor Satué, nos advierte –sin mencionarnos, por supuesto, como corresponde a un obispo sutil y prudente– de ciertas páginas que, según usted, “usan el nombre de católico en vano.”
Y aunque puede que no seamos tan perspicaces como usted, entendemos perfectamente el dardo. Nos damos por aludidos y, siguiendo su elegante ejemplo, respondemos con una advertencia propia: hoy en día, algunos pastores también pueden representar un peligro para la Iglesia. De hecho, hay ejemplos de sobra.
Hablemos, por ejemplo, de aquellos obispos que, sin reparar en esfuerzos, se dedican a sofisticadas maniobras eclesiales junto a célebres aliados, como Omella y su fiel colaborador Pérez Pueyo, en un creativo intento de arrebatar Torreciudad de las manos de quienes lo fundaron y sostuvieron. Ah, la caridad pastoral se despliega aquí con un celo conmovedor. Es reconfortante saber…
Autor: Jaime Gurpegui
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