Era un niño de 77 años, pero era un niño. Estoy hablando de Alfonso Simón, que era todo un sabio como doctor en Teología Bíblica por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Roma (conocida como el Angelicum), así como en otros saberes, pero que será recordado por todos por una cualidad escasa en nuestros días: su corazón de niño, su bondad y su ingenuidad. Una cierta ternura infantil, liberada de malicia, que nos llevó a muchos a pensar si acaso Alfonso debía de ser alguien especialmente bendecido por carecer de pecado original.
Le gustaba recordar un encuentro que tuvo con san Juan Pablo II en el Vaticano. El Papa había tenido una reunión privada con los obispos de Madrid y a Alfonso, estudiante por aquella época en Roma, le habían invitado para que se incorporara al grupo al terminar. Llegó a la carrera, con cierto agobio, pensando que no alcanzaba a saludar al…
Autor: Álex Rosal
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