Después de afirmar, en artículos precedentes, que existe una verdad que el poder no puede fabricar y que la historia no pertenece a los vencedores del momento sino a Jesucristo, todavía queda un paso por dar. Un paso decisivo. Porque la verdad puede ser reconocida y, sin embargo, no estar asumida; y Cristo puede ser confesado como Señor de la historia sin que se comprenda todavía de qué modo reina. El mundo moderno tolera mal la ley natural, porque le impide inventar la realidad; y tolera aún peor la soberanía de Cristo, porque le niega la última palabra sobre el sentido de la historia. Pero hay algo que le resulta todavía más insoportable: que ese reinado no se ejerza desde la pura fuerza, sino desde una herida que quiere llegar a cada corazón.
Autor: José Carlos Súbtil
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