El mensaje de León XIV con motivo de la Jornada Internacional de la Fraternidad Humana plantea una cuestión que no es de estilo ni de sensibilidad, sino de naturaleza teológica y de función del papado. No se trata de si el texto es amable, bienintencionado o políticamente oportuno, sino de si es un discurso que solo puede pronunciar un Papa o, por el contrario, uno que podría firmar sin dificultad cualquier autoridad moral genérica del orden internacional.
El texto está cuidadosamente construido para no ofender a nadie. Demasiado cuidadosamente. Habla de fraternidad, de paz, de puentes frente a muros, de compromiso concreto, de solidaridad frente a la indiferencia. Todo eso es verdadero en un plano humano general. El problema es que el plano específicamente cristiano está ausente. No es que esté deformado o mal expresado: simplemente no está.
Cristo no aparece. No como…
Autor: INFOVATICANA
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