Hay una edad primeriza en la que los niños van a misa porque les llevan sus padres sin cuestionarse nada más: pueden portarse mejor o peor en el templo, pero no se plantearán por qué están en él. Y luego puede haber una edad rebelde en la que los padres tengan que recurrir en alguna ocasión a toda su autoridad (es decir, a la amenaza de un castigo) para que sus hijos cumplan con el precepto dominical…
Para prevenir esa situación y que ir a la iglesia juntos toda la familia se haga de forma natural y con convicción (sin perjuicio de la formación específica que puedan recibir en la parroquia, el colegio o el propio hogar), una buena idea es trabajar en casa tres aspectos de la vida en común: la oración, las Escrituras y las comidas familiares.
Buenas costumbres
Así lo sugiere Mikki Sciba, madre de tres hijos, quien trabaja en métodos de evangelización y catequesis para niños de…
Autor: ReL

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