Todo en el cristianismo es una desconcertante mezcla de lo cotidiano y lo sobrenatural. Jesús parecía uno más, y no llamó la atención de los historiadores, excepto de aquellas personas que le trataron, que quedaron fascinadas y lo contaron o escribieron. Fue tras la muerte de Jesús cuando pasaron muchas cosas extrañas: dijeron que vivía, y muchas vidas se transformaron.
Lo mismo pasa hoy con los santos de vida cotidiana, los «santos de la puerta de al lado». Esa cercanía, esa cotidianidad, en el cine, es a la vez una fuerza y una debilidad. Es fuerza porque los vemos como uno de nosotros, y más si son de nuestra época. Es debilidad, porque en el cine queremos más «efectos especiales». Pero en el cristianismo, los efectos especiales se dan en las vidas. Nadie vio la Resurrección de Cristo, aunque varios vieron a Cristo resucitado y a sus ángeles.
Una santa con…
Autor: Pablo J. Ginés
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