¡¡¡Qué maravillosa realidad!!! ¡Así es como somos amados! ¡Con esa inmensa ternura! ¡Hasta el punto de que todo un Dios se ha abajado hasta mí y me ha modelado ya en el seno materno ¡con sus propias Manos!! En esas Manos está mi destino, en palabras de otro salmo; en esas Manos descansa mi vida cada día, (cf. Sab 7, 14); y a esas Manos deseo entregar mi espíritu al final de mi peregrinación terrena como hizo Jesús en la cruz.
Autor: Elena Lorenzo y Juan Pablo García
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