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Tengamos o no conocimientos profundos de teología dogmática o de exégesis bíblica, pienso que es un deber de todos y cada uno de los cristianos fervorosos y formados (y con un asentado «sensus fidei»), intentar defender lo que nuestros antepasados (incluidos muchos Papas), creyeron firmemente: que «nuestro Dios y Salvador Jesucristo» (2 Ped. 1,1), «nacido de mujer» (Gal. 4,4), quiso asociar a esa mujer, la Bienaventurada Virgen María, a su obra de redención. Y que, siendo su obra salvadora perfecta y definitiva en sí misma con el sacrificio de la cruz, fue su voluntad que ella quedara vinculada de un modo especial y único a esa sublime inmolación que mereció la salvación de todos los hombres.
Eso lo hemos sostenido siempre, pacíficamente, y empleando sin complejos el término corredentora. Y ahora es el momento de que cada uno se pregunte en serio por qué lo…
Autor: INFOVATICANA
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