El origen de la Iglesia y su culminación se encuentran en el eterno amor de las tres Personas del único Dios uno y trino. Por tanto, en la Iglesia está presente la Voluntad del Padre, la Palabra del Hijo y la Acción del Espíritu Santo.
Voluntad, Palabra y Acción que pueden resumirse en un propósito de amor de Dios con toda su creación, especialmente el hombre “única criatura que Dios ha querido por sí mismo” (Gaudium et Spes, C.V.II). El hombre es una criatura a la que Dios ha creado, a la que ha redimido y a la que espera –unido a todos los elegidos- en la Iglesia celestial, en las fastuosas bodas del Cordero al final de los tiempos.
La nota de la Unidad es tan importante en la Iglesia militante, que el mismo credo niceno-constantinopolitano nos la indica como la primera de sus características. La Iglesia, por tanto, es (debe ser) Una, como presupuesto esencial para…
Autor: INFOVATICANA
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