El sacrificio por otro puede parecer “locura”, pero es una locura noble. Si quien se entrega es Dios, ¿por qué encarnarse y morir de ese modo? La clave —sostiene el texto— está en la libertad humana y en la forma concreta en que Dios salva sin violentarla.
III
Asentada esa verdad sobre la bondad en general del sacrificio por los demás, surgen las más graves objeciones en el caso de Cristo. Si un hombre muere por otro es meritorio, de acuerdo. Pero si es Dios quien lo hace se dirá que es absurdo; y si encima lo efectúa a través del sufrimiento, que es además cruel, repelente y sadomasoquista. ¿Por qué tuvo que realizar esa salvación a través de un procedimiento cruento y escandaloso? ¿No era Dios; no podía evitarnos una referencia tan desoladora como la figura de un crucificado? Si nos creó con una Palabra, ¿por qué no nos redimió con otra sola Palabra,…
Autor: INFOVATICANA
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