Lo más común es que en la capital de una nación habite el jefe de Estado de ese país; como es el caso del rey de España en Madrid o del presidente de Portugal en Lisboa. Roma es, en esto como en muchas otras cosas, una ciudad excepcional. En ella moran tres jefes de Estado: el papa, el gran maestre de la Soberana Orden Militar de Malta y el presidente de la República Italiana. Esta concentración de poderes hace que la Ciudad Eterna esté plagada de representantes diplomáticos.
De los tres jefes de Estado que tienen su residencia en Roma, la precedencia por antigüedad le corresponde al papa, que está, ayudado por la curia romana, a la cabeza de la Santa Sede, la institución del gobierno supremo de la Iglesia Católica y el sujeto de derecho internacional que la representa ante el mundo. Sus orígenes se remontan a los inicios del cristianismo, ya que el papa es el sucesor…
Autor: Guillermo Juan Morado
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