Al llegar la Navidad y el fin de año, muchas personas, y más entre los cristianos, se plantean buenos propósitos. Muchos católicos se confiesan en Adviento, y se replantean cómo organizar mejor su vida, salir de dinámicas dañinas y servir mejor a Dios.
Quizá se plantean un servicio en la parroquia, en una ONG o apostolado, en una asociación provida , profamilia o educativa. Quizá quieren mejorar su vida de oración, rezar cada día, leer un poco de Biblia, visitar enfermos o ancianos, llamar a antiguos amigos…
Otras personas simplemente recapacitan sobre el año que acaba, lo que funcionó bien y lo que no, y fantasean -o planean seriamente- nuevas iniciativas.
Por supuesto, hay un gran riesgo de que muchos de estos buenos propósitos se queden en meros planes imaginados sin realizar. Mucha gente enseguida queda atrapada de nuevo en su rutina diaria y no emprende…
Autor: Pablo J. Ginés
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