Hay algo particularmente obsceno —intelectual y moralmente obsceno— en ver a un obispo pontificar sobre el Evangelio con la vara torcida de la ideología. Y eso es exactamente lo que hace Munilla aquí: no juzga los hechos, juzga al hombre; no discierne una acción concreta, ajusta cuentas con Trump. El resto es retórica piadosa, envoltorio espiritual y una superioridad moral impostada que chirría desde la primera línea.
Porque conviene decirlo claro: Munilla no está escandalizado por la violencia, está escandalizado por quién la ejerce. El problema no es el bombardeo al ISIS; el problema es que lo haga Trump. Si mañana la misma operación la firmara un líder con carné progresista, lenguaje terapéutico y bendición de La Civiltà Cattolica, aquí no habría tuit, ni reproche evangélico, ni súbita sensibilidad navideña.
Munilla lleva años reclamando que Occidente…
Autor: Carlos Balén
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