Este fin de semana regresé a Simone Weil y abrí Espera de Dios con la intención de leer unas páginas, pero terminé sumergida en horas de reflexión sobre algo que nunca deja de sorprenderme: la atención es la clave de la fe. Weil no la entiende como una habilidad social ni como un consejo ético; la considera la condición mínima para percibir la verdad y acercarse a Dios. Vivimos en un tiempo saturado de estímulos, opiniones y autoafirmación constante, y esta saturación nos ha hecho sordos no solo a los demás, sino también a Dios. Cuando Weil afirma que «la atención absolutamente pura es oración», no está dando una frase poética ni un mantra, sino una advertencia teológica: sin capacidad de escuchar, la fe se vuelve inaudible, incluso para quienes se consideran creyentes.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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