Esa frase se usa con frecuencia en el día a día y mucho entre los no creyentes, al referirse a Dios. Además, se le intenta dar una pátina de objetividad, de ajustarse a la lógica más elemental. Y acepto que es cierta en muchas ocasiones, en la vida normal, pero ¿la podemos aplicar de forma absoluta a la hora de conocer lo que nos rodea, el universo en su impresionante grandeza y en las verdades definitivas? Mi opinión es que no. Realmente, ¿tiene Dios que aparecerse a todos los humanos para que podamos creer? Nuestros sentidos nos dan una información útil para desenvolvernos en la vida diaria, pero nos proporcionan un conocimiento incompleto y equívoco de la realidad última.
Autor: Mariano Urdiales Viedma
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