Hoy se nos invita a ser luz y sal de la tierra. Pero, estas palabras tan bonitas, que a todos nos encanta oír, ¿Qué nos reclaman en la vida? Si alguien en su existencia fue sal y luz fue el Hijo de Dios. Pero, nosotros como hijos somos invitados a ser también luz en medio de la tiniebla, y sal en un mundo en el que parece que todo ha perdido el gusto para ser disfrutado.
Autor: Belén Sotos
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