Nuestra nueva incorporación a la Comunidad de Lanceros en la corresponsalía de Barcelona nos cuenta que al cardenal Juan José Omella, alias Juanjo para los amigos, no sólo para los de su pueblo, se le ha endurecido el carácter.
Está sacando lo mejor de sí mismo, el nervio maño. Le quedan muchos frentes abiertos, poco tiempo en la Conferencia Episcopal, algo más en Barna o Barca o Barsa. Le ha salido la vena mandona. Esto lo dicen en su diócesis. Ya no es el mismo, comentan por los pasillos de la calle del Bisbe. Antes se mostraba complaciente, gracioso, agradecido, simpático, bromista, dicharachero. Ahora, como le falta poco tiempo, quiere marcharse con los deberes hechos. Cabe la posibilidad de que el papa Francisco le haya apretado las tuercas. No hay que descartar tampoco que la aparición estelar de Cobo, alias el Meteorito, le esté obligando a forzar la máquina.

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