Cada 25 de julio, llueva o haga sol, la Plaza del Obradoiro se convierte en un espejo donde España vuelve a verse a sí misma de un modo insólito. Llegan peregrinos cojeando, ciclistas con barro hasta las cejas, grupos de parroquia, matrimonios mayores, jóvenes de medio mundo, algún turista que no sabe bien qué hace allí y, en medio de todos, esa mezcla de lágrimas, risas cansadas y abrazos que solo se da cuando uno ha caminado mucho más de lo que imaginaba. Frente a la fachada de la catedral, una pregunta flota en el aire: ¿quién nos ha traído hasta aquí?
Autor: Luis Javier Moxó Soto
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