Ayer, paseando por Barcelona, viví una situación profundamente dual, casi esquizofrénica, visitando Santa María del Mar.
Por un lado, porque hay obras de arte que no se dejan contar. No porque sean complejas, sino porque la experiencia que producen no se reproduce ni en una fotografía ni en un texto. Me ocurre con el Cristo se Velázquez, con la mezquita de Córdoba y me ha vuelto a ocurrir aquí. Las fotografías de Santa María del Mar no reflejan ni de lejos el impacto de verla en persona. Santa María del Mar no se contempla: se está dentro de ella como se está dentro de una idea verdadera. El cuerpo entiende antes que la cabeza.
La nave principal es una lección de gusto geométrico perfecto. Un gótico que ya sabía, con una madurez asombrosa, que podía prescindir del énfasis para alcanzar lo sublime. No hay retórica, no hay alarde. Hay proporción exacta, una…
Autor: Miguel Escrivá
Los hallazgos científicos que sugieren su autenticidad como reliquia de la Sábana Santa de Turín
Los partidos políticos españoles no quieren a los provida cerca de los abortorios. Les hemos hecho daño y van a por nosotros….seguir leyendo
Consejos para una llevar una vida Cristiana
Llevar una vida Cristiana que agrade a Nuestro Creador y a Nuestra Madre, no es difícil, y menos aburrida, como muchos pueden creer. Sin embargo, necesita dedicación. No basta con…
El mundo necesita discípulos católicos contraculturales
¿Qué hay de ti y de mí? ¿Has muerto al pecado? ¿Vives para Dios? ¿Persigues la santidad? ¿Estás rezando íntimamente todos los días? ¿Proclamas el Evangelio? Estas son algunas de…



















