Hoy, 28 de noviembre, la Iglesia celebra la memoria de Santa Catalina Labouré, la joven religiosa hija de campesinos que, sin buscar notoriedad ni reconocimiento, recibió una de las revelaciones marianas más conocidas y extendidas de los últimos dos siglos: la de la Medalla Milagrosa. Su vida, marcada por la humildad silenciosa y la obediencia, recuerda la sencillez con la que Dios actúa en quienes se dejan moldear por Él.
Una vocación nacida en la sencillez
Catalina Labouré nació en 1806 en Fain-lès-Moutiers, Francia, en el seno de una familia profundamente cristiana. Su madre murió cuando Catalina tenía nueve años, y desde entonces la niña buscó apoyo espiritual en la Virgen María, a quien tomó como Madre. A los 24 años ingresó en las Hijas de la Caridad, la congregación fundada por san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac, conocida por su servicio a los…
Autor: INFOVATICANA
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Comulgar en la boca en época de pandemia
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