Gran parte de lo que sabemos de san Justo se lo debemos al obispo y erudito san Isidoro de Sevilla (506-636). Era hermano de Justiniano (obispo de Valencia), de Nebridio de Egara (sacerdote) y de Elpidio (quizá obispo de Huesca).
San Justo firmó en las actas del Concilio II de Toledo (año 527) y en las del Concilio Provincial de Lérida (año 546). Además de sus tareas episcopales, desarrolló una intensa labor como escritor, conservándose un comentario al Cantar de los Cantares, una oración en honor de san Vicente mártir y algunas cartas.
En el crucero de la Seo de Urgel había una capilla del siglo XIII dedicado a este santo, considerado como el primer obispo que tuvo Urgel. En el siglo XI eran veneradas sus reliquias, y aunque después desapareció su culto, éste revivió con el estudio de la época visigoda, celebrándose su fiesta el 28 de mayo.
Autor: Pablo Sierra
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