Ejemplo vivo del desprendimiento y de la falta de pretensiones, San Francisco brilló por la pobreza de espíritu: tuvo el corazón libre de todo y cualquier apego, convencido de que la representación de este mundo se termina.

Redacción (04/10/2025 12:03, Gaudium Press) En los últimos fulgores del siglo XII, en el seno de una acomodada familia de la ciudad de Asís veía la luz un varón enviado por Dios, cuyo nombre inicialmente era Juan (cf. Jn 1, 6).
Su madre, una mujer muy piadosa llamada Pica, le había puesto ese nombre sin el conocimiento del padre, Pedro de Bernardone, pues se encontraba de viaje de negocios en Francia. Algunos autores narran que el progenitor se quedó tan contento cuando regresó de ese país y conoció a su hijo que quiso que se llamara Francesco, es decir, el «francesito» o «pequeño francés» en italiano.1 Y, de hecho, así pasó a ser conocido.
Autor: Saul Castilblanco Mosos
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