Así lo demanda el Papa León. Y lo aplaudo, lógicamente. Una demanda que, a más de necesaria es urgentísima. La Iglesia agoniza y muere sin Sacerdotes.
Me imagino que lo hará, por tanto, con un tono de premura más que notable. Que debe estar a la altura de la tragedia que se está viviendo en la Iglesia desde los años 70 del pasado siglo: la falta de Sacerdotes es tan trágicamente palpable, que se hace imposible de camuflar o de minimizar. E insisto: sin Sacerdotes, NO hay Iglesia: no la puede haber.
Sin Sacerdotes NO hay Eucaristía, ni Sacrificio, ni Gracia, ni Salvación… Porque sin Ella, sin la Sagrada Eucaristía, falta Cristo, falta Dios, falta la misma Trinidad Santa. Sin Sacerdotes nos quedamos sólos y a solas: huérfanos e indigentes. Sin Paraíso Eterno. Estaríamos abocados al Infierno, sin ninguna otra posibilidad.
Autor: José Luis Aberasturi
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