La sensación que uno percibe entre los compañeros sacerdotes es que, en la mayoría de los casos, las reuniones son algo inevitable y que intentamos sobrellevar con la mejor disposición.
Ya saben que servidor es de poca reunión, pero no por la reunión en sí, sino porque en la Iglesia, en general, somos poco serios para estas cosas. Yo, simplemente, les digo por qué me cuesta, cada vez más, ir a una reunión. Cosas mías.
– La falta de puntualidad. Tengo, debe ser una desgracia, la costumbre de ser exquisitamente puntual. Pobre de mí, porque esto supone perder, en cada reunión, tiempo y tiempo. Debo ser el único cura de Madrid que no tiene nada que hacer, porque uno llega a tiempo y lo normal es que unos cuantos lleguen tarde o muy tarde porque tenían que hacer cosas. Me parece una falta de respeto intolerable. Total, que la reunión de las doce comienza ¿a las…
Autor: Jorge González Guadalix
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