Hay un acto de Dios, propio de su voluntad, que corresponde a la concesión final de la gloria a los bienaventurados. A ese acto lo llama Santo Tomás de Aquino predestinación, y la Iglesia Católica, apoyándose en la Escritura, y en la enseñanza de santos y doctores como el Aquinate, enseña que la predestinación sólo es para el bien.
Ahora bien, ¿qué acto en Dios corresponde a la decisión final que conduce a la desventura eterna a los condenados? La respuesta es: la reprobación, que también es propia de la voluntad divina, y que además manifiesta su bondad de un modo diferente a la predestinación, a saber, mostrando su justicia.
Avancemos. Es imposible acceder a la bienaventuranza sin el auxilio de la gracia; un modo de gracia que suele llamarse «eficaz». Sin ella, ninguna virtud o esfuerzo humano podría merecer la felicidad eterna.
Esta GRACIA eficaz, como ya lo…
Autor: Nelson Medina, OP
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