El País lleva tres días abriendo su portada con historias de abusos sexuales y encubrimientos eclesiásticos. No es celo periodístico, es estrategia política. El mismo Gobierno que esta semana aprueba el proyecto para mutilar la cruz del Valle de los Caídos sabe perfectamente que la Iglesia española está domesticada: basta recordarle sus vergüenzas. Cada reportaje de El País es un recordatorio mafioso: “Sabemos lo que hicisteis”.

Los obispos son rehenes de sus pecados. Por miedo a que alguien pronuncie su nombre junto a la palabra “encubrimiento”, aceptan todo: el cierre de seminarios, la liquidación de órdenes, la imposición de leyes inmorales, y ahora la profanación simbólica del mayor monumento cristiano de España. Lo que fue un altar expiatorio se convertirá en un museo de la democracia. Y todo con la bendición del silencio episcopal.
El Gobierno profana…
Autor: Carlos Balén
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