Cuando uno se acerca a la vida de los santos, no sólo se encuentra con hechos cotidianos, sino que también abundan los que aparecen llenos de la presencia de Dios y en algunos casos con vivencias sobrenaturales. A esto podemos añadir que a veces la vida es tan corta que puede parecer que no da tiempo a nada, pero de eso nada. Ahí tenemos el reciente proceso de San Carlo Acutis, que con 15 años vuela al cielo; y hace 100 años el de la pequeña Teresa, Santa Teresa del Niño Jesús, la que entrega su alma a Dios en el Carmelo de Lisieux con apenas 24 años. Hay más vidas de santos muy jóvenes.
Autor: Rafael Pascual Elías OCD
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