Un peregrino medieval atravesaba una ciudad del camino cuando se estaba comenzando a construir una catedral. En aquellos momentos, nadie podía imaginar la grandiosidad, la belleza y la armonía que ahora lucen, por ello el peregrino se acercó a un grupo de trabajadores que trabajaban la piedra y les preguntó qué hacían.
- Aquí estoy sufriendo por el esfuerzo que supone picar la piedra y con estas condiciones de trabajo insoportables; pero no hay más remedio. Respondió el primero.
- Estoy ganando con el sudor de la frente y la habilidad de mis manos el pan para mis hijos. Es ley de vida. Afirmó el segundo.
- Estoy esculpiendo la piedra y colaborando en la creación de una obra de arte que agrade a Dios y de la que se asombren los siglos futuros.
Los tres estaban, objetivamente, haciendo el mismo trabajo, los tres estaban haciendo una tarea necesaria y hermosa, pero cada uno…
Autor: Por mí, que no quede
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