Lo ocurrido en el Valle de los Caídos en los últimos meses no es un simple desencuentro administrativo. Es el síntoma visible de una fractura más profunda: por un lado, un poder político decidido a reescribir el sentido de Cuelgamuros; por otro, una Iglesia dividida entre los diálogos que mantiene la Santa Sede, el intento de los benedictinos por frenar el proceso y el silencio “pastoral” de una cúpula episcopal que prefiere situarse al margen.
El conflicto ha puesto al descubierto tensiones internas, presiones externas y una realidad incómoda: el Valle se ha convertido en un campo de batalla donde se juega la libertad religiosa, la memoria histórica y la unidad de la propia Iglesia.
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Autor: INFOVATICANA
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