«Viendo que murió tan santa y católicamente como vivió, es de esperar que nuestro Señor la tiene en su gloria, que para ella es mejor y más perpetuo reino que los que acá tenía»: estas palabras, pronunciadas el 26 de noviembre de 1504 por el ya viudo Fernando el Católico, fueron la primera ocasión en que la difunta Isabel fue considerada santa.
La mención de Fernando fue la primera ocasión, pero no la única ni la última. Hizo lo propio Cristóbal Colón con su conocido epitafio sobre la reina -«Su vida fue siempre católica y santa«-. También la encumbró el Conde de Castiglione, embajador del Papa en 1524, cuando aseguró que «no ha existido en nuestros días ejemplo más claro de bondad, de prudencia, de religiosidad y de honestidad».
Entonces quedaban cinco siglos para que el arzobispo José García Goldaráz firmase el decreto de apertura de la Causa de beatificación de la que hoy es…
Autor: José María Carrera
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