Si todavía queda alguien que se resista a aceptar la verdad, la ceremonia de inauguración de los pasados Juegos Olímpicos le ofreció una muestra indubitable de la enfermedad que corrompe a Occidente. Hay quienes se empeñan en interpretar este tipo de manifestaciones anticristianas como aspavientos de movimientos minoritarios. Nada más alejado de la realidad. En primer lugar, porque tales movimientos han dejado hace mucho tiempo de ser “minoritarios”, para convertirse en hegemónicos y “normativos”; en segundo lugar, porque los estados más poderosos, las organizaciones internacionales y las corporaciones plutocráticas los apoyan, financian y exaltan como parte principalísima de su agenda, que sobre todo anhela una metamorfosis antropológica. Y esa metamorfosis azufrosa sólo puede lograrse si el hombre se revuelve contra Dios.
Nos hallamos ante una revuelta…
Autor: Juan Manuel de Prada
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