Desde el primer instante en que el papa León XIV apareció en el Balcón de las Bendiciones tras su elección, una palabra comenzó a resonar con insistencia, casi como un latido constante: paz. La repite una y otra vez. En sus comparecencias ante la prensa, en sus encuentros con mandatarios, en cada mensaje. Paz interior, paz personal, paz entre los pueblos. No como un eslogan vacío, sino como un camino exigente que interpela a cada conciencia.
Ayer, día de Navidad, en su primer y solemne mensaje Urbi et Orbi, dirigido al mundo entero desde el balcón central de la Basílica Vaticana, León XIV comenzó recordándonos la raíz de esa paz. Lo hizo con palabras antiguas, profundamente cargadas de sentido:
«Alegrémonos todos en el Señor, porque nuestro Salvador ha nacido en el mundo. Hoy, desde el cielo, ha descendido la paz sobre nosotros». Es la antífona de entrada de la Misa…
Autor: Zenón de Elea
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