En el Catecismo de la Iglesia Católica leemos que todo en la vida de Jesús es signo de su misterio. A través de sus gestos, sus milagros y sus palabras, se ha revelado que en él reside toda la plenitud de la Divinidad corporalmente (Col 2,9). Su humanidad aparece así como el sacramento, es decir, el signo y el instrumento de su divinidad y de la salvación que trae consigo: lo que había de visible en su vida terrena conduce al misterio invisible de su filiación divina y de su misión redentora (n. 515).
El signo y el misterio, el significante y el significado, lo visible y lo invisible son indisociables. La lógica de lo cristiano se caracteriza por la sacramentalidad, por la remisión de lo humano a lo divino, de lo sensible a lo espiritual. La unidad concreta de ambas dimensiones no anula la diferencia que las distingue sin separarlas. Pero no solo…
Autor: Guillermo Juan Morado
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