El jesuita Antonio Fco. Bohórquez ha escrito una frase tan breve como incómoda: «La fe liberal no suscita vocaciones cristianas, a ningún estado de vida». No es un exabrupto. Es una constatación. Y, precisamente por eso, escuece.
Porque si algo nos enseñó Cristo es que las doctrinas no se juzgan por sus intenciones, ni por su corrección terminológica, ni por lo bien que encajan en los editoriales bienpensantes. «Por sus frutos los conoceréis» (Mt 7,16). No por sus congresos. No por sus documentos. No por sus aplausos externos. Por sus frutos.
Y los frutos están a la vista.
Las comunidades donde la fe se ha diluido en un cristianismo liberal —amable, dialogante, poco exigente y cuidadosamente desprovisto de aristas— no generan vocaciones sacerdotales, ni religiosas, ni matrimonios cristianos sólidos. Generan, eso sí, estructuras envejecidas, parroquias vacías,…
Autor: Carlos Balén
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