En el San Sebastián de los años sesenta había una escritora que tenía por costumbre ir todas las tardes al hotel La Nicolasa para socializar con sus amigas, y lo hacía en su Rolls, conducido por su mecánico perfectamente uniformado. Además del talento literario era una mujer rica, guapa, simpática y elegante, y cuando bajaba del imponente coche inglés y se disponía a subir las escaleras del hotel, cojeaba tan aparatosamente y con tantas muestras de dolor en la cara, que los porteros del establecimiento, o los viandantes que pasaban por la calle, se ofrecían solícitos para ayudarla.
Autor: Álex Rosal
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