En los años del postconcilio, dentro y fuera de la vida religiosa, se cuestionó si convenía o no continuar con instituciones tales como colegios u hospitales. Debido a la falta de religiosas/os y a que todavía no se concebía la misión compartida con los laicos, así como por un lamentable enfoque ideológico influenciado por algunas variantes de la teología de la liberación, varias se vendieron, se cedieron o incluso cerraron. ¿El resultado? Un vacío en la sociedad, pues no eran meras estructuras, sino espacios vitales en los que, además de recibir un servicio profesional, se entraba en contacto con la persona de Jesús.
Autor: Carlos J. Díaz Rodríguez
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