La costumbre de arrodillarse, adoptada por los cristianos desde los primeros siglos, perdura hasta nuestros días.

Redacción (30/07/2025 09:15, Gaudium Press) Considerada una conducta bárbara y despreciada por la cultura grecolatina, la genuflexión gozaba de poca estima en la antigüedad. No es difícil comprender la implicación: ¿cómo podía uno arrodillarse ante deidades paganas, seres caprichosos cuya simpatía solo se buscaba para obtener ciertos beneficios personales? Los hombres se humillaban —y lo sabían— a los pies de estos pedazos de piedra, madera o metal.
Solo quienes conocían al Dios verdadero podían concebir la postura más apropiada para adorarlo. De hecho, la genuflexión —una costumbre originaria de la cultura israelita— encierra una visión teológica: las rodillas, que soportan el peso de todo el cuerpo, simbolizan fuerza; por lo tanto, doblarlas…
Autor: Saul Castilblanco Mosos
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