Los habitantes de España están respondiendo de manera rendidamente ejemplar ante la catástrofe. Frente al egoísmo individualista que todos nosotros practicamos, la caridad y el amor terminan venciendo en los profundos pozos de dolor.
Somos poco dados a preocuparnos lo suficiente por el prójimo, pero cuando a éste le aqueja una severa enfermedad, tendemos a reaccionar con tiernas y cariñosas muestras de afecto (cuando a mí o a algún familiar nos ha sucedido algo de mediana gravedad, los demás siempre han respondido con bizarría y amor); porque, pese a que nuestra bondad se vea frecuentemente empañada por la fragilidad humana, en el fondo, somos buenas personas. Como dijo San Juan Pablo II en aquel vivificante discurso: “El amor vence siempre, Dios siempre puede más”.

Discurso de San Juan Pablo II a los…
Autor: Ignacio Crespí de Valldaura
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